Personalidad sin desorden
Todos conocemos este dilema al decorar. A menudo se siente que cada superficie debe decir algo, que el espacio vacío es un espacio desperdiciado. El resultado es a menudo una acumulación creciente de objetos: velas, chucherías, pequeñas esculturas, libros apilados con sus lomos cuidadosamente coordinados por colores. Se ve personal, pero también desordenado.
Aquí es donde una sola obra de arte animal bien elegida supera tranquilamente a todo lo demás.
Una pieza audaz, digamos un lobo a gran formato, una vaca o un caballo grande y colorido, un leopardo al acecho al óleo, ancla una habitación de una manera que una estantería curada de cachivaches no lo hace.
Atrae la mirada y dice algo sobre la persona que vive allí. Un ciervo sugiere un amor por los paisajes salvajes. Un pulpo insinúa curiosidad y una mente un poco excéntrica. Un perro de aspecto leal transmite calidez sin que su dueño tenga que decir una palabra.
Ese es uno de los grandes poderes del arte animal. Transmite personalidad sin generar desorden. A menudo funciona mejor cuando se le da espacio para respirar, colgado solo en una pared generosa sin nada que compita por la atención.
En un mundo donde los interiores pueden inclinarse fácilmente hacia lo agresivamente minimalista o lo abrumadoramente recargado, el arte animal ofrece una tercera vía.
Es una elección única y considerada que hace que un espacio se sienta genuinamente acogedor y le da carácter, pero sin el desorden.
Aquí están tres de mis lienzos de animales más populares:



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